PRÓLOGO

El dolor de cabeza va en aumento. No ha dejado de sentir pinchazos durante todo el día. Al día siguiente tendrá que levantarse temprano para poder coger el tren a Madrid que sale a las 8:50 desde la estación de Joaquín Sorolla. Esa semana empezará Comunicación Audiovisual. Le han dicho muchas veces que la universidad es una de las mejores etapas que un adolescente puede pasar. Tumbado, en la cama, intenta relajarse. El paracetamol que se acaba de tomar no le surge efecto. Suspira. ¡Son las once de la noche! La noche se presenta larga. 

- ¿Estás bien, Marcos? -se interesa una chica de ojos verdes entrando en la habitación con una camiseta de los Ángeles Lakers. Esa noche dormirá con él antes de que coja el primer tren a Madrid. Dormirá con la persona que le ha devuelto la alegría en su vida. 
- Todavía me duele la cabeza -indica el chico abriendo los ojos

La chica se tumaba a su lado. Se miran. Llevan ocho meses como pareja siendo el todo para el uno y para el otro. Aunque han pasado por situaciones difíciles han sabido estar a la altura en todo momento. No todo es color de rosa. Y ellos lo saben. 

- ¿Quieres que te traiga algo?
- No, no hace falta. Lo único que quiero hacer es dormir.

Durante unos segundos se estable el silencio entre los dos. 

- Marcos  
- ¿Qué quieres?
- Quiero preguntarte una cosa... 
- ¿El qué? -aunque ya intuye cuál va a ser la pregunta
- Quiero saber si fuiste tú...

Pleno. No se ha equivocado en su intuición. Sabía que esa iba a ser la pregunta. Abre los ojos y se queda mirandola. No puede ocultarle nada. Aunque siempre es mejor contar la verdad a medias. Se rasca la cabeza y toma valor de no sabe donde y vuelve a mirarla. Tiene que ser directo y no dar rodeos.

- Sí, fuí yo. 

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